Retrato de doña Ernestina

Hay un pequeño detalle en Ernestina y los espíritus: tienen en casa un retrato de doña Ernestina (la madre) realizado por Madrazo. Me tomé el gusto de encargárselo al pintor, aun sabiendo que no cobraba poco por sus trabajos, porque la familia de la que proviene la madre de Ernestina y Aurora siempre ha sido de posibles. Pero no digo qué Madrazo es.

En realidad, cuando lo escribí, di por hecho que todo el mundo entendería que se trataba de Federico de Madrazo. Aunque no hablo mucho de ello en la novela, hay cierto poso de nostalgia de un romanticismo español que nunca llegó a cuajar como en el resto de Europa, y que pronto se transformó en otra cosa. Federico de Madrazo retrató a dos mujeres muy importantes para el arte y la cultura de la España romántica: la condesa de Vilches (en la portada de la entrada) y Carolina Coronado.

Las dos promocionaron a los autores de la época, auspiciaron representaciones de teatro y veladas literarias, y con su dinero apoyaron a los artistas. Las dos, incluso, escribieron sus propias obras, que se han quedado en el olvido porque, en fin, fueron obras escritas por mujeres. Y, sin embargo, sin ellas el Madrid de la década de 1860 no hubiera sido el mismo. Ni la historia literaria y artística de España.

El drama interno dentro de la obra es que ambas apoyaban a Isabel II. Coronado incluso se exilió a Lisboa tras la victoria de La Gloriosa, que desterró a la reina en 1868. Doña Ernestina, la madre, estaba dentro del círculo de estas mujeres, sobre todo de Coronado, y fue algo que le inculcó a sus hijas. El problema era que su esposo, Joaquín, decidió colaborar con Serrano y Prim para echar a la reina. En todas las familias hay dramas internos raros: a pesar de que se quieren, nunca van en la misma línea política. De hecho, Joaquín seguía siendo monárquico (a la manera de Prim, pero monárquico al fin y al cabo) y su hija Aurora cada vez se comprometía más con las causas de la República.

El hecho de que ese cuadro (invisible, inventado) de Madrazo esté presente en la biblioteca de la casa de Ernestina habla de todas esas incongruencias internas que hay en el seno de la familia, y que habla de las incongruencias que siempre ha habido en la historia de España. No hay modo de pretender que la historia del país ha sido algo monolítico y estilizado; no hay manera de higienizar ideológicamente los hechos históricos y las historias internas. Quien pretenda hacerlo miente descaradamente, o se engaña a sí mismo, o pretende engañar a los demás con fines electoralistas y propagandísticos.

De hecho, ya era así desde antes de 1873.

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