Ernestina is on the way

El año pasado por estas fechas nuestro gato se fue de casa, tuvo un accidente del que no sabemos nada y apareció diez días después en la perrera municipal con una herida abierta e infectada y la cola destrozada (se la tuvieron que amputar). Lo cuento porque, hasta el año pasado, solo sucesos trágicos o radicales así me impulsaban a ponerme a escribir. Así iba yo por la vida.

Se me ocurrió que podía escribir y publicar esta novela, a la que llevaba un tiempo dándole vueltas, para terminar de pagar la factura del veterinario. Al final, lo fuimos pagando por otros medios y Ernestina y los espíritus se quedó en el limbo de mi indolencia. Pero no me dejó en paz. Por alguna razón, los personajes cobraron vida y se me paseaban por el pensamiento cuando menos lo esperaba. Yo pretendía ignorarlos o, en el mejor de los casos, dejarlos relegados a un olvido que durase años, pero no se dejaban. Al final tuve que ceder. Me he propuesto que este año de verdad de la buena (y no valen más procrastinaciones) Ernestina tiene que salir a pasear, y salir de una vez de mi vida cotidiana. Estoy harta de que se me presente sin avisar a la hora de la cena, que me contagie de ideas cuando no tengo nada cerca para apuntar, con esa risita suya tan de flautín y sus trajes decimonónicos arrastrando las pelusas del salón. Si todo va bien, antes de finales de agosto estará listo. Os iré contando más cosas.

Para empezar, la fotografía que preside esta web es la de la Puerta del Sol de alrededor de 1873, la de Ernestina, su hermana Aurora, el general Serrano, Benito Pérez Galdós y unos cuantos más. En el momento de la foto eran cerca de las tres de la tarde y Madrid, para no perder sus costumbres, no era un buen lugar para pasear.

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