Un jardín secreto

No puedo contar cómo entré exactamente, porque después tendría que mataros. Dejémoslo en que este que veis aquí es el jardín privado que Benito Pérez Galdós veía desde su cuarto todos los días cuando se encerraba a escribir La Fontana de Oro y los primeros Episodios Nacionales. Es un patio privado al que solo se puede acceder desde las viviendas de la manzana entre Serrano, Villanueva y Jorge Juan. Existe desde su construcción en la década de 1850, así que sí, la vegetación es un poco imponente más de 150 años después.

El edificio de Serrano 8 (hoy nº 22) donde vivía Galdós en 1873, el año de la Primera República, ya no existe. Fue de los pocos que derribaron del reciente ensanche madrileño donde se mudaban los nuevos burgueses y los aristócratas que querían dejar atrás sus caserones en el casco antiguo (y abarrotado) de Madrid. Cuando murió Domingo Pérez Galdós, hermano de Benito (relativamente joven, no llegaba a los 60 años) su viuda Margarita Hurtado y varias de las hermanas de Galdós decidieron dejar Canarias y mudarse a Madrid. Las malas lenguas dicen que huían de “mamá Dolores”, la matriarca de la familia. No sé dónde leí que entre hermanas, sobrinos y sirvientes aquella era una casa de locos, y que cuando Galdós estaba dentro (y no estaba paseando por Madrid, de tertulia en cafés, en conciertos, en la ópera o en el Ateneo, o en cualquier otro lugar disponible) se encerraba en su cuarto con la excusa de que tenía que escribir. Quizá, también, con la excusa de que le dejaran en paz. Galdós nunca quiso hablar de aquel año, ni en sus memorias ni en entrevistas. Los años previos, durante el reinado de Amadeo I, le habían dejado al mando del periódico El Debate, de tirada diaria, y la actividad había tenido que ser frenética. No estaba mal para un joven que no había cumplido aún los 30 años y había acabado abandonando la carrera de Derecho. También escribía en La Revista de España y empezaba a hacerse un nombre en los medios de la época. Con ayuda de su cuñada Margarita, que le financió la publicación, había publicado en 1870 La Fontana, y se publicitaba en los medios de la época. Pero con la llegada de la República se vio prácticamente sin trabajo y sin dinero propio. Solo realizaba algunas pequeñas publicaciones en la revista femenina La Guirnalda, propiedad de un amigo suyo.

Así que mi Benito, el de Ernestina y los espíritus, sale bastante a pasear con Aurora, hermana de Ernestina y vecina del primer piso del edificio. Aurora ve en Benito a un pequeño salvador que la lleva al Ateneo y quiere hablar de política. Y es posible que las hermanas de Benito, locas por casarle, pues ya tenía una edad, vieran con buenos ojos a aquella joven vecina, hija de militar y nieta de aristócratas, inteligente y poco dada a las fiestas sociales. Sin embargo, se sabe que Benito nunca tuvo tales planes. Aurora no lo intuye, y en algún momento comenzó a hacerse unas ilusiones que poco a poco la van intoxicando, y que Benito mantiene en pie sutilmente quizá por aburrimiento, o por ignorancia. Pero para saber más de eso ya os dejaré leer la novela.

Ernestina is on the way

El año pasado por estas fechas nuestro gato se fue de casa, tuvo un accidente del que no sabemos nada y apareció diez días después en la perrera municipal con una herida abierta e infectada y la cola destrozada (se la tuvieron que amputar). Lo cuento porque, hasta el año pasado, solo sucesos trágicos o radicales así me impulsaban a ponerme a escribir. Así iba yo por la vida.

Se me ocurrió que podía escribir y publicar esta novela, a la que llevaba un tiempo dándole vueltas, para terminar de pagar la factura del veterinario. Al final, lo fuimos pagando por otros medios y Ernestina y los espíritus se quedó en el limbo de mi indolencia. Pero no me dejó en paz. Por alguna razón, los personajes cobraron vida y se me paseaban por el pensamiento cuando menos lo esperaba. Yo pretendía ignorarlos o, en el mejor de los casos, dejarlos relegados a un olvido que durase años, pero no se dejaban. Al final tuve que ceder. Me he propuesto que este año de verdad de la buena (y no valen más procrastinaciones) Ernestina tiene que salir a pasear, y salir de una vez de mi vida cotidiana. Estoy harta de que se me presente sin avisar a la hora de la cena, que me contagie de ideas cuando no tengo nada cerca para apuntar, con esa risita suya tan de flautín y sus trajes decimonónicos arrastrando las pelusas del salón. Si todo va bien, antes de finales de agosto estará listo. Os iré contando más cosas.

Para empezar, la fotografía que preside esta web es la de la Puerta del Sol de alrededor de 1873, la de Ernestina, su hermana Aurora, el general Serrano, Benito Pérez Galdós y unos cuantos más. En el momento de la foto eran cerca de las tres de la tarde y Madrid, para no perder sus costumbres, no era un buen lugar para pasear.

Lo mío no es el glamur

No, lo mío no es el glamur, ni se llevan ya los blogs, que esto es 2018. Lo sé. No pasa nada. Tampoco tengo un ansia terrible por llenar este lugar de mis pensamientos místicos, ni nada parecido. Pero algo tenía que poner para actualizar mi web, porque la sigo utilizando todos los días y la tenía cual habitación de adolescente.

Y al final del día, después de todos los cambios (podéis pasaros a observar los menús y las páginas, sobre todo la sección de Libros, por si os interesa), he llegado a la conclusión de que me falta el glamur de estos escritores modernos, su arte para la imagen y el minimalismo, su afán por lo erudito: no es lo mío, definitivamente. La prueba es que, después de varias horas, me he decantado por un Playmobil como imagen de mi blog. Porque todo el que me conoce sabe que los colecciono (a nivel amateur, no se vayan a pensar) y me suelen decir que cuando piensan en mí me imaginan con cara de Playmobil. Pues ya está. Lo mío no es el glamur del literato, sino los muñequitos, las croquetas y las fotos de mis gatos. Cualquiera que se asome a mi Instagram puede comprobarlo.

Voy a intentar mantener esto al día contando cómo va el tema de lo que voy escribiendo y publicando. También he dejado un apartado para que, si alguien necesita ayuda editorial, pueda contactarme, aunque debido a fuerzas de causa mayor (un bebé humano de verdad que llegará para final de año) mi actividad como editora y traductora se va a reducir considerablemente los próximos meses.